CASIMIRO JESÚS BARBADO LÓPEZ

 

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MIS REFLEXIONES EN TORNO A LA RECIENTE SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL SOBRE CATEQUISTAS POCO IDÓNEOS

 

 

Comenzaba a preocuparme al ver que algunos laicistas de pro, a los que admiro profundamente, veían en la sentencia del Tribunal Constitucional respecto a los catequistas "poco idóneos", una vuelta de tuerca contra el laicismo, al dar la razón a la Iglesia.

 

En mi opinión, es todo lo contrario, ya que dicha sentencia pone al descubierto lo relevante y, a la vez, lo absurdo y contradictorio de la presencia de la enseñanza confesional en la escuela sostenida con fondos públicos, al dejar meridianamente claro que con el dinero de todos/as se adoctrina en una moral que en muchas ocasiones se enfrenta a los derechos de los ciudadanos/as que contrata (pero no paga): divorcio,  planificación familiar, homosexualidad, reivindicaciones laborales, etc. 

 

Y que su transmisión en la escuela ha de ser coherente con la doctrina y no permitir que sus profesores/as salgan de la senda moral trazada. Al fin y al cabo, la puerta por  la que entraron, no lo olvidemos.

 

Es más, esta sentencia nos debe servir de estímulo para seguir en la brecha, a partir de la herida que se ha abierto. Nos despierta del letargo en el que nos habían sumido la LOE y los estatutos de Autonomía. Es un empujón para seguir adelante.  Para denunciar los Acuerdos con el Vaticano que permiten este tipo de situaciones extrañas y aparentemente discriminatorias.

 

Que para ser profesor de religión se tengan que cumplir unos requisitos y preceptos a rajatabla es obvio. Así entraron y así deben permanecer. Se entra por la puerta falsa y, por lo que se ve, se sale por la misma puerta.

 

Ahora vendrán los sindicatos cacareando derechos laborales. ¿Dónde estaban estos defensores de los derechos de los trabajadores/as cuando esta cohorte de 17000 catequistas entró en la escuela para dar clase por su idoneidad, adquirida gracias a su fervor religioso, su moral intachable y sus creencias? Por si acaso lo hemos olvidado: el proceso de selección del profesorado de religión por la jerarquía eclesiástica es contrario a los artículos 14 y 23.2 de la Constitución,  que exigen, respectivamente, que no exista discriminación por razones de creencias y que el acceso a la función pública se realice en condiciones de igualdad.

 

Alguien dirá que la autoridad eclesiástica se deshace así a los catequistas más progres y beligerantes, los que podrían estar al otro lado, el de la visión laicista. Pero, ¿qué clase de progre intelectual entra en la escuela para transmitir sus creencias?

 

Quizá una  pregunta más directa podría ser ésta: ¿Aspiran estos catequistas  más "rebeldes" a que desaparezca la religión de nuestras escuelas?

 

O esta  otra, de lleno en el corazón de sus aspiraciones profesionales: ¿Tal vez  pretenden convertirse en funcionarios por la gracia de dios, del sindicato de turno  y de un Estado más confesional que nunca?

 

Lo que dije hace poco en otro foro: menos x menos = más.