CASIMIRO JESÚS BARBADO LÓPEZ

 

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Unos breves comentarios al debate abierto sobre el fanatismo religioso entre Gallego y Blanco.

 

 

El ser humano es violento por naturaleza, pero también es capaz superar la violencia con su  inteligencia, llamémosla “emocional” (algo así como Jekill y Hyde). Atrás quedaron los sueños del buen salvaje de Rousseau. Nuestros genes se seleccionaron en un ambiente hostil, en el que la lucha por la existencia era la moneda corriente. ¡Hasta la cópula estaba mediatizada por los depredadores! Es en este mundo natural donde surgió el pensamiento mágico-religioso, del que la Humanidad no ha podido o no ha sabido escapar aún y que nos mantiene estos días con los huevos a la altura de la nuez.

 

Ahora, rodeados por lo que llamamos culturas (conjunto de memes), hemos empezado a apartar algunas de las  fieras (internas y externas) de nuestro camino y nos hemos dotado de herramientas mentales y morales para resolver los conflictos. Pero nos hemos fabricado otras que se interponen y bloquean el entendimiento. Una de ellas es el Geriniol (aceite de Gerin). En el curso de nuestra evolución cultural hemos inventado la ciencia, la justicia, los derechos humanos, las leyes, etc. con el fin de sobrevivir a la bestia que llevamos dentro  y de esta forma, negociamos y pactamos con el adversario para resolver los conflictos de intereses, que siempre los ha habido y los habrá. De hecho no nos va mal como especie, a juzgar por los miles de millones de habitantes que pueblan el planeta (no se puede decir lo mismo para la biosfera, por supuesto. Somos una plaga).

 

Y también está meridianamente claro que a las sociedades occidentales nos va infinitamente mejor y que la mayor parte de la población mundial (Tercer Mundo) no ha conseguido una vida digna, de lo cual nosotros, los privilegiados histórica, económica y culturalmente hablando, somos responsables, en parte (tal vez no uno a uno, sino colectivamente). Pero otra parte de la responsabilidad la tienen, supongo, los líderes (religiosos, económicos, políticos, militares, etc.) que mantienen en un puño cerrado y apretado a sus conciudadanos, que temerosos, no se atreven a desterrarlos de sus vidas (o no pueden). Creo que aquí reside la esencia del cambio.

 

¿Por qué a occidente le va tan bien (aunque también tenemos bolsas de injusticia)? Creo que el secreto del éxito está en la libertad, el respeto a las diferencias, la democracia, el laicismo, la educación y  la ciencia, que evidentemente, no son nada sin el pan y la  sal. Estos principios abstractos, desarrollados mediante actuaciones concretas en cada uno de los Estados oprimidos, con la ayuda desinteresada (¿?) de los más avanzados, permitirán la gran revolución pendiente. Sin duda, no lo hará el fanatismo religioso, aglutinador de masas, que considera enemigo a exterminar a todo aquel (individuo o Estado) que no posea su cosmovisión. Este fanatismo, que sacrifica el aquí y el ahora, por el goce del más allá, nos devuelve a las cavernas y no va a permitir progresar a la sociedad.

 

Por tanto, la justicia global no se alcanza intimidando al Primer Mundo con masacres como la de las Torres Gemelas o las de Atocha, quemando iglesias o satanizando caricaturas de Mahoma.  La opresión del Islam no existe. Es una tapadera. El binomio Islam + pobreza es un invento de algunos para justificar lo injustificable.  Y una idea que circula por los cerebros “progres” para cuestionar la política imperialista yanki. Una política que, dicho sea de paso, hay que detestar por terrorista.

 

Es la pobreza y la vida indigna de millones de personas, sin importar su credo, lo que nos importa y lo que hay que eliminar de la faz de la Tierra. Esta pobreza puede explicar parcialmente la existencia de mentes terroristas, pero no lo justifica. El terrorismo, además de perverso y moralmente reprobable, es un método inútil, pues solo genera una espiral violenta (Irak, Palestina-Israel, Líbano, etc. no lo desmienten, lo confirman) de la que no podremos escapar.

 

Por eso, ayudemos a estos pueblos a superar el subdesarrollo económico y la opresión. El desarrollo cultural y social, que consiste en abandonar los viejos mitos y las  ideas absurdas y avanzar de la mano del progreso  sostenible vendrá a continuación. Mientras, en nuestros ricos países, podemos empezar cambiando nuestro estilo de vida, para hacerlo más solidario y respetuoso con nuestro entorno  y, de paso, darle un revolcón a nuestros líderes, que se lo merecen.

 

Casimiro J. Barbado López

laicos@yahoogroups.com